Historia del cálculo de la longitud

28 Mayo 2011 Written by 

El cálculo de la latitud desde una nave es sencillo, basta con medir el ángulo que forma la estrella polar con el horizonte, mediante un cuadrante un astrolabio o un sextante, por ejemplo. Pero el cálculo de la longitud en alta mar presentaba serios problemas.

El cálculo de la longitud en teoría se reduce a medir la diferencia horaria entre un punto de referencia y la posición actual de la nave. La medida de la posición del Sol indicaba el tiempo local, pero el tiempo de referencia no se podía conocer sin relojes suficientemente precisos, que no se vieran afectados por los vaivenes de la navegación o por los cambios de presión y temperatura. Estos relojes no se construyeron hasta los siglos XVIII y XIX.

En esa época se calculaban las longitudes de un modo muy aproximado deduciendo las distancias recorridas por las naves, para esto se usaba un instrumento bastante primitivo llamado bolina o corredera que al poseer como módulos de cálculo en una cuerda una serie de nudos que discurrían en el tiempo de aproximadamente una hora (tiempo que generalmente era inferido con pocos precisos relojes de arena) dando por resultado la actual medición náutica en nudos permitían inferir muy rudimentariamente las distancias longitudinales, es decir las distancias recorridas de Este a Oeste o viceversa, un intento de compensar esas imprecisiones se encuentra en las líneas para navegar que unen puertos u otros sitios notorios en los antiguos portulanos.

Por ello hasta entonces los fallos en la estimación de la longitud produjeron graves imprecisiones (por ejemplo para delimitar cuál era el meridiano de la Línea de Tordesillas) o auténticos desastres marinos: la flota inglesa del almirante Clowdisley "chocó" con las islas Sorlingas en el año 1707 por un defectuoso cálculo de su posición. El mismo problema llevó al navío inglés Centurión en 1741 a vagar por el estrecho de Magallanes sin conocer su posición. Cuando llegó al Pacífico y quiso repostar en las Islas Juan Fernández de Chile, no supo si debía ir al este o al oeste. Tomó la decisión equivocada y acabó en la costa de Chile. Los navíos españoles y portugueses que viajaban al Caribe debían ir en escuadras por rutas establecidas para no perderse, lo que les hacía presa fácil de los piratas y corsarios ingleses. Todas estas circunstancias hicieron del cálculo de la longitud una prioridad estratégica de los gobiernos. Felipe III estableció un premio en 1598 para quien "descubriese la longitud". Lo mismo hizo el gobierno inglés en 1714.

Otra posibilidad era medir las diferencias horarias entre dos puntos mediante observaciones astronómicas. Si conocemos a qué hora tiene que ocurrir un eclipse en tierra firme en un punto y medimos la hora local de ese eclipse en alta mar podremos calcular la longitud. Los eclipses solares o lunares son escasos pero esto se solucionó después de que Galileo observara los satélites de Júpiter en 1610. Éstas presentan eclipses unas mil veces al año. Galileo propuso que una observación en alta mar de estas apariciones y desapariciones daría una medida exacta de la longitud. El método era correcto y de hecho sirvió para determinar la longitud en tierra firme, aunque presentaba grandes dificultades durante la navegación debido a la poca estabilidad de los barcos.

Esta aplicación práctica de las observaciones astronómicas condujo a la creación de observatorios astronómicos por toda Europa: Cassini dirigió el Observatorio Astronómico de París creado en 1667 por Colbert (ministro de Luis XIV) desde donde fijó la longitud de París utilizando el método de las lunas de Júpiter de Galileo. El Real Observatorio de Greenwich fue fundado en 1675 con la misión de estudiar el mapa celeste de la Luna y las estrellas "para perfeccionamiento del arte de la navegación". En España, el marino y científico Jorge Juan propuso la creación del Real Instituto y Observatorio de la Armada en San Fernando, en Cádiz, en el año 1753. Con ello se pretendía que los futuros oficiales de la Marina aprendiesen y dominasen una ciencia tan necesaria para la navegación como era entonces la astronomía.

Uno de los cronómetros construidos por John Harrison.

 

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