La evolución de la navegación

16 Mayo 2011 Written by 

 

Primera etapa

 

 

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Podría definirse como la de Buques de Remos (S.III a.C - S. XII d.C. aproximadamente.): se desarrolló sobre todo en la región del Mar Mediterráneo, con las civilizaciones Egipcia, Fenicia, Griega, Cartaginés y Romana; y en el Oriente, con los Imperios Persa y Babilónico. Si bien no existe abundante documentación histórica de estas primeras naves, su existencia ha llegado a nosotros a través de la lírica de varios poetas antiguos. En la antigüedad, las naves se clasificaban de acuerdo a la cantidad de remos: las más famosas eran los trirremes (tres remos). Se tiene conocimiento de embarcaciones que usaban hasta 40 remos por lado, como la que se construyó para el faraón Ptolomeo IV. El enfrentamiento más conocido entre buques a remos es la Batalla de Salamina, llevada a cabo entre los griegos comandados por Euribiades y Temístocles, disponiendo de 380 naves, y los persas comandados por Jerjes, al mando de 1,000 naves. Las velas también fueron empleadas, aunque primitivamente: las embarcaciones disponían de un sólo mástil, cuya vela se izaba únicamente con el viento a favor. Por esto los remos eran la principal propulsión. Durante el combate, la vela era doblada y el mástil colocado sobre el casco. Una de las principales herramientas en las batallas era la propia proa, que con un espolón era usada para arremeter contra las naves enemigas. Se empleó también la Manus Ferrea, antecesor del arpón (conocido como Harpago o Harpax), aplicado principalmente para el enganche de las naves enemigas y su posterior abordaje, aunque se utilizó también para el abordaje el corvus, una suerte de puente colocado entre dos naves, utilizado sobre todo por los romanos en las Guerras Púnicas (S.III a.C). Otros instrumentos del combate naval fueron el "falx", material incendiario que era catapultado hacia el enemigo, y -conocido fuego griego, solución inflamable

 

Segunda etapa

 

 

 

 

 

Se define como la de buques a vela: al aumentar el tamaño y peso de las embarcaciones, ya sea por la cantidad de cañones que el buque llevara, ya sea por el cargamento comercial, los remos fueron eliminados como sistema de propulsión, y se desarrolló la navegación a vela, obteniendo mayor independencia frente a la adversidad del viento. Así, los marineros adquirieron nuevas ocupaciones, como el manejo de los varios tipos de cañones y enormes velas. Una de las primeras batallas navales conocidas fue la de la Isla de Ponza, entre los españoles (comandados por el rey Alfonso de Aragón) y los Genoveses, liderados por Biaggio Aseretto. Esta batalla implicó el uso de nuevas tácticas navales: por un lado, se dejó de usar la reserva de naves sorpresa, dada la dependencia al viento, y por otro lado, las estrategias a usarse de acuerdo a la dirección del viento: a favor, era netamente ofensivo; defensivo, en cambio, con el viento en contra. El almirante inglés Nelson, en la Batalla de Trafalgar (1805) ideó una estrategia que consistía en romper la disposición en forma de luna creciente de las embarcaciones franco-españolas, atacando de frente. En lo que respecta a las armas, se mantuvo el uso del fuego griego, y se emplearon buceadores para sabotear las naves. Sin embargo, suma importancia adquirió el cañón (durante el abordaje se empleaban mosquetes y arcabuces). Los cañones pasaron de ser recargados objetos de arte a herramientas más prácticas en su forma y material, y de basarse en sistemas precarios de puntería a sistemas mecánicos que permitían manipular eficazmente los cañones de mayor peso y dirigida en la orientación.

 

Tercera etapa

 

 

Se conoce como la de los buques a vapor, aunque posteriormente se emplearon otras fuentes no necesariamente combustibles, como la energía atómica. El desarrollo de la propulsión a base de la combustión de carbón y combustible se debió a la Revolución Industrial a comienzos del Siglo XIX. El americano Robert Fulton fue quien inventó la propulsión a vapor para las embarcaciones en 1806. La propulsión era independiente al viento, los cascos de acero eran más ligeros y resistentes que los de madera, las duras tareas realizadas por marineros fueron orientándose a especialidades menos físicas, y los proyectiles lograron desplazar su rango de efectividad de menos de una milla a 19 ó 20 kilómetros. Sin embargo, en los primeros años, permanecieron algunas desventajas: el rango de una batalla naval dependía del horizonte visible, y la puntería dependía de la buena vista de los artilleros. Con la instalación de instrumentos electrónicos en los buques, estas desventajas fueron desapareciendo. En esta etapa, el desarrollo de las embarcaciones podría afirmarse que fue efecto exclusivo de las guerras. La primera batalla entre buques propulsados por el vapor fue la de Lissa, entre Italia y Austria, en 1866. Lo peculiar de esta batalla es que la artillería se utilizó poco, debido a su poco alcance, y en cambio se empleó la proa como arma principal para cargar contra el enemigo. Recién en la Batalla de Tsushima (1905), la flota japonesa utilizó la artillería de largo alcance contra los buques rusos. En la segunda Guerra Mundial, la numerosa artillería anti-aérea de los acorazados japoneses (como en el acorazado Yamato) poco sirvió para contrarrestar el feroz ataque de las fuerzas aéreas, dotadas de bombas y torpedos. Esto se confirmó en 1941, con el bombardeo de Pearl Harbour por los japoneses.

Por cortesia de www.elportaldelosbarcos.com

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